domingo, 29 de noviembre de 2009

De inconstitucionalidades y abortos / España se rompe

Aquí, en esta España de los españoles y de esta Constitución nuestra, no hay nada más inconstitucional que el partido de la oposición.
Este ppartido, cada vez más innombrable, por innoble, por homófobo, por separatista, por excluyente si, si, he dicho bien, SEPARATISTA, cuando intentan separar Cataluña del resto de España, argumentando lo inargumentable, añadiendo la gota que colma el vaso, fomentando el anticatalanismo.
La Constitución, habla de España como nación de naciones, cuando habla de nacionalidades, esa Constitución democrática que no tienen más remedio que acatar y que hoy enarbolan tanto, aunque en las comunidades que presidan sea la dictadura lo que impongan. (Véase Valencia y Madrid) España se rompe, si señores se rompe, porque ellos la están rompiendo, enfrentando a esas dos Españas de Machado donde una, efectivamente nos está helando el corazón. Y yo pregunto y repregunto ¿Por qué si el Estatuto de Cataluña ha servido de modelo para otros estatutos con idénticos párrafos, sólo impuganan el nuestro? Si esto no es un acto de discriminación y si discriminar no es fomentar la división el rompimiento y la separación ¿Qué es?

Otro asunto es el aborto, deberíamos recordar, ¡qué faltos de memoria! que los abortos se dispararon a partir de 1997, cuando empezaron a recortarse las campañas preventivas, llegándose a producir hasta en el sexto y séptimo mes de embarazo, sin que la Conferencia Episcopal levantara la voz ni José María Aznar promoviera la derogación de la ley. ¿Pero esto que es?

viernes, 27 de noviembre de 2009

Pese a quien pese ¡Que pase la ley del aborto!

HOy, la ley del aborto ha salvada la primera votación en el Congreso, así que sigue adelante. Es absolutamente incomprensible que donde hay una búsqueda de seguridad para la mujer y de acotación de parámetros jurídicos, médicos y sanitarios, información y asesoramiento, la iglesia troglodita y grupos ideológicamente afines, denuncien atentados contra la vida, o sea, asesinatos. Es más que evidente que desde una lógica y un gobierno democrático, no se puede abandonar a la mujer cuando ésta decida abortar, por la razón que sea, haciendo uso de su libre albedrío. Y desde todo punto de vista, se mire como se mire, acotar esa libertad en nombre de la vida no deja de ser una vileza, desvirtuando la verdad, convertiéndola en una mentira. A ver si de una vez por todas, la infantil ideología retrógrada de la derecha nacional-católica decide cogerse de la mano de la ciencia y la evolución mental y se va a dar un paseito con ellas.¡A ver si aprende algo! Con un poco de suerte el progreso y la inteligencia son contagiosos!

jueves, 26 de noviembre de 2009

Dignidad con Catalunya

La prensa catalana publica un editorial conjunto en defensa del Estatut de Catalunya
En una iniciativa inédita en democracia y en la historia de la prensa española, doce diarios catalanes publican una extensa pieza editorial conjunta titulada 'La dignidad de Catalunya' en la que se pide al Tribunal Constitucional respeto a la ley aprobada en referéndum
Y por supuesto yo me uno a ellos.

"Después de casi tres años de lenta deliberación y de continuos escarceos tácticos que han dañado su cohesión y han erosionado su prestigio, el Tribunal Constitucional puede estar a punto de emitir sentencia sobre el Estatut de Catalunya, promulgado el 20 de julio del 2006 por el jefe del Estado, rey Juan Carlos, con el siguiente encabezamiento: "Sabed: Que las Cortes Generales han aprobado, los ciudadanos de Catalunya han ratificado en referéndum y Yo vengo en sancionar la siguiente ley orgánica". Será la primera vez desde la restauración democrática de 1977 que el Alto Tribunal se pronuncia sobre una ley fundamental refrendada por los electores.

La expectación es alta. La expectación es alta y la inquietud no es escasa ante la evidencia de que el Tribunal Constitucional ha sido empujado por los acontecimientos a actuar como una cuarta cámara, confrontada con el Parlament de Catalunya, las Cortes Generales y la voluntad ciudadana libremente expresada en las urnas. Repetimos, se trata de una situación inédita en democracia. Hay, sin embargo, más motivos de preocupación. De los doce magistrados que componen el tribunal, sólo diez podrán emitir sentencia, ya que uno de ellos (Pablo Pérez Tremps) se halla recusado tras una espesa maniobra claramente orientada a modificar los equilibrios del debate, y otro (Roberto García-Calvo) ha fallecido.

De los diez jueces con derecho a voto, cuatro siguen en el cargo después del vencimiento de su mandato, como consecuencia del sórdido desacuerdo entre el Gobierno y la oposición sobre la renovación de un organismo definido recientemente por José Luis Rodríguez Zapatero como el "corazón de la democracia". Un corazón con las válvulas obturadas, ya que sólo la mitad de sus integrantes se hallan hoy libres de percance o de prórroga. Esta es la corte de casación que está a punto de decidir sobre el Estatut de Catalunya. Por respeto al tribunal –un respeto sin duda superior al que en diversas ocasiones este se ha mostrado a sí mismo– no haremos mayor alusión a las causas del retraso en la sentencia.

La definición de Catalunya como nación en el preámbulo del Estatut, con la consiguiente emanación de "símbolos nacionales" (¿acaso no reconoce la Constitución, en su artículo 2, una España integrada por regiones y nacionalidades?); el derecho y el deber de conocer la lengua catalana; la articulación del Poder Judicial en Catalunya, y las relaciones entre el Estado y la Generalitat son, entre otros, los puntos de fricción más evidentes del debate, a tenor de las versiones del mismo, toda vez que una parte significativa del tribunal parece estar optando por posiciones irreductibles. Hay quien vuelve a soñar con cirugías de hierro que cercenen de raíz la complejidad española. Esta podría ser, lamentablemente, la piedra de toque de la sentencia.

No nos confundamos, el dilema real es avance o retroceso; aceptación de la madurez democrática de una España plural, o el bloqueo de esta. No sólo están en juego este o aquel artículo, está en juego la propia dinámica constitucional: el espíritu de 1977, que hizo posible la pacífica transición. Hay motivos serios para la preocupación, ya que podría estar madurando una maniobra para transformar la sentencia sobre el Estatut en un verdadero cerrojazo institucional. Un enroque contrario a la virtud máxima de la Constitución, que no es otra que su carácter abierto e integrador.

El Tribunal Constitucional, por consiguiente, no va a decidir únicamente sobre el pleito interpuesto por el Partido Popular contra una ley orgánica del Estado (un PP que ahora se reaproxima a la sociedad catalana con discursos constructivos y actitudes zalameras). El Alto Tribunal va a decidir sobre la dimensión real del marco de convivencia español, es decir, sobre el más importante legado que los ciudadanos que vivieron y protagonizaron el cambio de régimen a finales de los años setenta transmitirán a las jóvenes generaciones, educadas en libertad, plenamente insertas en la compleja supranacionalidad europea y confrontadas a los retos de una globalización que relativiza las costuras más rígidas del viejo Estado nación. Están en juego los pactos profundos que han hecho posible los treinta años más virtuosos de la historia de España. Y llegados a este punto es imprescindible recordar uno de los principios vertebrales de nuestro sistema jurídico, de raíz romana: Pacta sunt servanda. Lo pactado obliga.

Hay preocupación en Catalunya y es preciso que toda España lo sepa. Hay algo más que preocupación. Hay un creciente hartazgo por tener que soportar la mirada airada de quienes siguen percibiendo la identidad catalana (instituciones, estructura económica, idioma y tradición cultural) como el defecto de fabricación que impide a España alcanzar una soñada e imposible uniformidad. Los catalanes pagan sus impuestos (sin privilegio foral); contribuyen con su esfuerzo a la transferencia de rentas a la España más pobre; afrontan la internacionalización económica sin los cuantiosos beneficios de la capitalidad del Estado; hablan una lengua con mayor fuelle demográfico que el de varios idiomas oficiales en la Unión Europea, una lengua que en vez de ser amada, resulta sometida tantas veces a obsesivo escrutinio por parte del españolismo oficial, y acatan las leyes, por supuesto, sin renunciar a su pacífica y probada capacidad de aguante cívico. Estos días, los catalanes piensan, ante todo, en su dignidad; conviene que se sepa.

Estamos en vísperas de una resolución muy importante. Esperamos que el Tribunal Constitucional decida atendiendo a las circunstancias específicas del asunto que tiene entre manos –que no es otro que la demanda de mejora del autogobierno de un viejo pueblo europeo–, recordando que no existe la justicia absoluta sino sólo la justicia del caso concreto, razón por la que la virtud jurídica por excelencia es la prudencia. Volvemos a recordarlo: el Estatut es fruto de un doble pacto político sometido a referéndum.

Que nadie se confunda, ni malinterprete las inevitables contradicciones de la Catalunya actual. Que nadie yerre el diagnóstico, por muchos que sean los problemas, las desafecciones y los sinsabores. No estamos ante una sociedad débil, postrada y dispuesta a asistir impasible al menoscabo de su dignidad. No deseamos presuponer un desenlace negativo y confiamos en la probidad de los jueces, pero nadie que conozca Catalunya pondrá en duda que el reconocimiento de la identidad, la mejora del autogobierno, la obtención de una financiación justa y un salto cualitativo en la gestión de las infraestructuras son y seguirán siendo reclamaciones tenazmente planteadas con un amplísimo apoyo político y social. Si es necesario, la solidaridad catalana volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable"

miércoles, 25 de noviembre de 2009

El auténtico contubernio


(Este escrito está basado en otro del Sr Armando Hurtado, que me he visto forzada a resumir por ser el original demasiado extenso. El título tabién es suyo)

El Sr Armando Hurtado escritor y licenciado en derecho, ha leido en uno de esos foros cavernícolas de la derecha nacional-católica que “la Iglesia ha pedido ayuda a la ONU para combatir el "laicismo progresivo" (así lo han llamado) y el aumento de la intolerancia contra los cristianos en el mundo”. La Santa Sede ha presentado así, su gran preocupación ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Hasta ahí han sido capaces de llegar.

Tengamos en cuenta que la RAE define combatir como: “pelear, acometer, embestir, atacar, reprimir” y el verbo pelear a su vez, se traduce como “batallar, combatir o contender con armas. Esto nos lleva a la conclusión de que si alguien pelea o combate, es porque se opone tajantemente a algo. En este caso, la Iglesia está diciendo que se opone a la laicidad como principio político, eso que han destacado como “laicismo progresivo”

El presidente de la Conferencia Episcopal Española, cardenal Rouco, proclama que "los políticos no pueden invadirlo todo" y pregunta, en un alarde de cinismo, "si puede haber soberanía que prescinda de la verdad ética y de la sociedad". Como si la iglesia fuera la dueña y señora de la ética.

Refiriéndose al aborto, Rouco, reitera que la legislación europea muestra su falta de respeto al derecho fundamental a la vida. Por todo ello, considera que es "imperiosamente necesaria" la presencia de los católicos en la política.

¡Como si no fueran suficientes los muchos partidos políticos cristiano-demócratas esparcidos por el orbe! Claro, como según Rouco, la soberanía popular reside en Dios, y Dios está representado en España por la organización eclesiástica que él preside, el derecho divino le autoriza a hacer lo que haga falta para imponerse a todos los niveles.Rouco, considera que siguen siendo buenas todas las alianzas y medios que puedan coadyuvar a ese sagrado fin. Esto y solamente esto es lo que ha sido siempre el más feroz contubernio real de la historia de España.
LO que pretende la Iglesia en clara añoranza a la Inquisición, es que el Consejo de Derechos Humanos de la ONU ayude a combatir la laicidad en cualquiera de sus estados-miembros, tachándola de “claro signo de intolerancia” contra los cristianos o contra las religiones en general, una incongruencia que pone de relieve el grado de alejamiento de la realidad en el que se debate la Iglesia. Cuando, por el contrario, la misión del Consejo de los Derechos Humanos es procurar que los derechos fundamentales, sean los mismos para todos, y protegerlos por encima de diferencias de cualquier orden, como lo son las religiosas.

Pretender que la ONU ayude a combatir la neutralidad del estado respecto a las religiones, presentando esa neutralidad, como una forma de intolerancia política, es un intento de malabarismo dialéctico del siglo XXI, salvo en El Vaticano, La Meca o Jerusalén. Y seguro que también hay objetores honrados en esos pagos.
El derecho de las personas a la vida debe ser defendido oponiéndose tajantemente a la pena de muerte, (no a la de los fetos como hacen ellos) Hablar de caridad y de amor al prójimo, condenando a muerte a quien se desmande y bendiciendo luchas armadas contra esto o aquello, es realmente patético y contradictorio. El respeto a la vida personal tendría que ser el primero de los referentes morales a considerar cuando se afirma que la vida social necesita afianzarse en determinados principios éticos orientadores. Algo con lo que estamos de acuerdo casi todos, incluídos quienes no profesamos religión alguna.
Que Rouco y compañía afirmen, a estas alturas, que los católicos deben intervenir en la vida política española es un síntoma más del cinismo que les caracteriza , nunca dejaron de intervenir en ella, desde hace siglos. Ya no pueden ir mucho más allá.
NI ellos ni el resto de religiones pueden seguir manteniendo el monopolio de las “verdades éticas” indefinidamente.
Ha de ser la inteligencia de los humanos la que determine la selección entre lo que es “bueno” y lo que es “mejor”, en cada caso, según el conjunto de referencias de que dispongan. Eso lo ha sabido la Iglesia siempre y por ello se resisten a perder terreno en el adiestramiento de las nuevas generaciones. Pero lo están haciendo muy mal...

lunes, 23 de noviembre de 2009

El otro 20 de NOviembre del que no se habla

Del blog de Jaume MOreno "Calaix del temps"

Demà es complirà un nou aniversari de la mort de Franco i alguns nostàlgics faran flamejar les seves banderes. La mort del dictador ocupa molt espai, tant que fa passar desapercebut un altre 20 de novembre, aquell de l’any 1936 el dirigent anarquista Buenaventura Durruti com a conseqüència de les ferides rebudes al pit el dia abans durant un incident, mai massa ben aclarit, al carrer d’Isaac Peral de la Ciudad Universitària de Madrid.

Hi ha qui diu que el va matar una bala provinent de la zona feixista; els nacionals van atribuir la mort a grups comunistes, que a la seva vegada acusaven al trotskistes. Es va dir que va ser víctima d’uns lladres o que se li va disparar un arma accidentalment.

L’arma no se li va disparar a ell. La versió més fiable és que l’arma, una mena d’escopeta de canons retallats a la que deien “naranjero”, va relliscar de les mans a un home de la seva confiança, José Manzana, i en caure al terra es va disparar. Durriti va rebre de ple l’impacte terrible de la bala que va sortir del “naranjero” i el propi Manzana va resultar ferit a la mà.

Sigui com sigui, la mort de Durruti va donar peu a una de les majors manifestacions populars de dolor que hagi viscut mai Barcelona. Les imatges que acompanyen aquest post corresponen a al seu enterrament i si us fixeu, una mica més enllà del minut 5, amb 47 segons per ser exactes, veureu com les imatges se centre en la seva dona, Emile, que va al darrera del fèretre. Està acompanyada d’un milicià que porta la mà embolicada amb una vena. És José Manzana, l’home que va matar Durruri.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Una visión distinta de la piratería en Somalia


Al margen de la crueldad de los piratas somalíes, absolutamente criticable y censurable ¿Estamos seguros de tener una visión objetiva de lo que ocurre en aquellas aguas? NOsotros queremos muchos a nuestros pescadores, hemos sufrido con ellos esos 47 días y nos alegramos mucho de su regreso, pero ¿qué hacen nuestros pescadores en aguas Somalíes? ¿Cómo se ve esta incursión desde un país pobre, paupérrimo, con un desgobierno y mucha hambre?
¿Leemos lo que opina Joaquim Sempere profesor de Teoría Sociólogica y profesor de Sociologia Medioambiental de la Universidad de Barcelona?
Esta es la visión que nos da y ante la que he reflexionado en el día de hoy.


"El colonialismo no a muerto. Las flotas pesqueras de los países ricos esquilman un caladero tras otro
En 1991 se hundió el orden político de Somalia, país que sucumbió a una guerra civil empeorada por la intervención estadounidense. El colapso político dejó la sociedad somalí sin defensas, situación que fue aprovechada por navíos procedentes de Europa, Estados Unidos, China y otros países para verter en sus aguas grandes cantidades de residuos tóxicos y radioactivos. El abuso se hizo visible cuando, en 2005, un tsunami depositó en las playas y costas somalíes bidones corroídos y otras muestras de estos residuos. Según el enviado de las Naciones Unidas en Somalia Ahmadou Ould-Abdallah, la porquería tóxica acumulada en pocos días por la catástrofe marina provocó úlceras, cánceres, náuseas y malformaciones genéticas en recién nacidos y, al menos, 300 muertes.


Pero las desgracias no terminan ahí. Aprovechando el desgobierno, una multitud de barcos de pesca empezó a faenar en las aguas frente al país, incluidas sus aguas territoriales. En 2005 se calculó que pescaron allí unos 800 barcos de distintos países, muchos de ellos europeos y, más específicamente, españoles. Se estima que los ingresos generados durante un año por esta pesca extranjera ilegal ascendía a 450 millones de dólares. El resultado fue la rápida disminución de unas reservas pesqueras que eran el principal recurso para las comunidades de pescadores del país, catalogado como uno de los más pobres del mundo.

Un reportaje de Al Yazira informa de que grupos de somalíes trataron de constituir un cuerpo autodenominado “Guardacostas Voluntarios de Somalia”, reuniendo dinero con el que pagar a la empresa estadounidense Hart Security, que se dedica a entrenar y formar luchadores y mercenarios por todo el mundo –y que, años más tarde, ha actuado como mediadora para el cobro de rescates en aquellas mismas aguas: ¡negocio redondo!–. Al parecer, hubo intentos de esos guardacostas voluntarios de negociar con los buques de pesca extranjeros para que dejaran de faenar o pagaran un impuesto para seguir haciéndolo, intentos que resultaron fallidos. El desenlace final fue lo que hoy se califica como piratería somalí. En un país plagado de armas, desgarrado por bandas rivales y sometido a una situación económica desesperada, un desenlace así no debería sorprender. A la vista de lo anterior es legítimo preguntarse: ¿quiénes son, en esta historia, los verdaderos piratas?

Hay en España quien propone que los atuneros españoles (que son sobre todo vascos) lleven militares a bordo para disuadir a los piratas. En el Parlamento vasco, los votos del PP y el PNV han hecho posible el pasado 8 de octubre aprobar una moción en esta línea. El Congreso ya lo había descartado meses antes arguyendo que la legislación española no lo permite. Francia sí lo permite, y hace tiempo que en el Índico los barcos de pesca franceses llevan militares a bordo. Pero esta diferencia es de detalle: ambos países lograron que el 10 de diciembre de 2008 los ministros de Defensa de la Unión Europea aprobaran la llamada Operación Atalanta contra la piratería somalí, y que se diera luz verde al envío de entre 6 y 10 buques de guerra para “garantizar la seguridad” en el golfo de Adén con el mandato de vigilar las costas de Somalia, “incluidas sus aguas territoriales”.

Estos hechos muestran que el colonialismo no sólo no ha muerto, sino que está tomando nuevos bríos. Y un nuevo aspecto marcado por la crisis de recursos naturales, en este caso la pesca. Las flotas pesqueras de los países ricos, compuestas por buques con capacidad para moverse por todos los mares del mundo, esquilman un caladero tras otro: son las principales culpables de la sobrepesca que desde hace años viene destruyendo la capacidad de regeneración de las especies marinas y preparando un colapso de las capturas a escala mundial. Las primeras perjudicadas son las poblaciones de los países pobres que dependen de la pesca local: ellas carecen de flotas potentes para pescar lejos de sus costas. El caso somalí es uno de los más sangrantes por las circunstancias políticas internas, pero no es el único.

España está recuperando sus blasones imperiales contribuyendo a empobrecer a uno de los países más pobres del mundo. Al hacerlo no sólo comete una injusticia, sino que practica una política sin futuro también para sus habitantes. Porque cuando ya no haya caladeros por explotar en ningún rincón del mundo, ¿qué harán nuestros marineros y pescadores?
Es una indignidad aprovecharse de un país desangrado por una guerra civil y luego mandar a los soldados a defender una causa indefendible que no hace más que profundizar la tragedia de ese pueblo. Y si se quiere mirar desde otra óptica, ¿cuánto nos cuesta mantener la dotación de dos buques de guerra, un avión y 395 efectivos de la Marina española que tenemos destacados en la zona?

El caso tiene su moraleja. Un país desarrollado como España no debe, tras agotar sus propios recursos pesqueros, expandirse por los mares del mundo privando a otras poblaciones más pobres de sus medios de subsistencia, porque agrava la situación de esas poblaciones y las empuja a una resistencia que desemboca en aventuras violentas y salidas militares. La solución hay que buscarla en casa, adaptándose a unos ecosistemas dañados y gestionándolos mejor (por ejemplo, con la piscicultura como alternativa a la pesca), y adoptando medidas previsoras para que nadie se quede sin trabajo y sin fuente de ingresos. Es inquietante que se esté haciendo exactamente lo contrario: optar por la huida hacia delante y por un neoimperialismo ecológico reforzado militarmente que sólo puede redundar en un empeoramiento de la situación"
Del blog el post-it



Corazón helado

(Artículo de Ian Gibson publicado en Público)


Han leído Rajoy, Cospedal, Camps, Soraya y sus correligionarios alguna vez a Antonio Machado? Es una pregunta que uno se plantea al observar día tras día los comportamientos de los gerifaltes peperos, dignos herederos de la mentalidad hosca y cerril de la derecha española tan lamentada por el poeta de Campos de Castilla.
Les vendría muy bien tal consulta, desde luego. Allá por 1913, exiliado en Baeza tras perder a Leonor, el gran sevillano madrileño reflexionó hondo sobre la situación de su país tres lustros después del Desastre de 1898. Es de entonces su sobradamente conocida copla sobre la mala suerte del “españolito” que viene al mundo con ganas de vivir, pero a quien le helará el corazón, si no la España que muere, la que bosteza.
También es de entonces el poema El mañana efímero, a la vez terrible diatriba –ribeteada de humor feroz contra quienes impiden el progreso del país con la Iglesia a la cabeza– y urgente llamada a la revolución necesaria. Machado conocía de sobra a “esa España inferior que ora y embiste, / cuando se digna usar de la cabeza”, y a la cual aún le quedaba “luengo parto de varones / amantes de sagradas tradiciones”. Pero quería creer que un día no demasiado lejano nacería la otra España, la anhelada, la joven, la ilusionada, la activa. Alboreó en 1931 sin sangre derramada (menos la de Galán y Hernández) y con el enemigo de siempre en contra desde el primer momento y ya conspirando.
De allí vienen los cainitas de hogaño, con sus insultos y calumnias. Miserables incluso cuando se ha evitado un baño de sangre en alta mar.